martes, 14 de junio de 2011

En los orígenes del vidrio: la pasta vítrea

El vidrio mantendrá su belleza de forma permanente si logra evitarse su  talón de Aquiles, la fragilidad. A pesar ella, han llegado  hasta hoy ejemplares asombrosos de más de 2000 años que conservan la prestancia de sus primeros tiempos.
Las fotografías que presentamos acompañando el texto, pertenecen a una de las pocas colecciones particulares de este material.
 
 Se cuenta que la reina de Saba, cuando visitó al rey Salomón en su palacio, observó que el suelo reflejaba el paisaje por lo que pensó que había agua sobre el pavimento y para no mojarse las vestiduras, levantó el borde de su falda dejando ver sus piernas. La reina se sorprendió al comprobar que el suelo estaba seco y es que el rey Salomón era muy listo según cuentan…Le habían dicho que la reina de Saba era muy hermosa, cosa que pudo comprobar, pero que tenía una pierna deforme. Siendo un rey prudente y sabio no podía permitirse el lujo de preguntarlo directamente arriesgándose a una airada respuesta regia y no sería sabio si no salía de la duda. Por ello hizo vidriar el pavimento por el que debía pasar la dama y pudo comprobar personalmente que las reales piernas no desmerecían del resto.
Las fotografías que presentamos acompañando el texto, pertenecen a una de las pocas colecciones particulares de este material. Propiedad de una familia bienestante de Barcelona que accedió a hacer esta presentación pública en homenaje al tesón de su patriarca que logró reunir tan bella colección a lo largo del siglo pasado. Datadas entre el siglo IV AC y II DC son un buen ejemplo de la evolución del arte vidriero.
La composición de la materia base casi no ha variado: es una mezcla de sustancia vitrificante, junto a un fundente y un estabilizante de la vitrificación.
La sustancia vitrificante son silicatos químicamente hablando (arena o piedra molida, para entendernos). Los fundentes, cuya función consiste en hacer descender el punto de fusión de la arena de los 1700ºC a menos de 1200ºC, son  carbonatos, sódico o potásico. El vidrio sódico más conocido es el “cristal” de Venecia, también llamado de Murano que tendrá su máximo esplendor en la Edad Media al conseguir una transparencia inigualable en aquél entonces.
El vidrio potásico es más luminoso y duro. Ya en la Edad Moderna dará lugar al “cristal” de Bohemia..
Un estabilizante, añadido a la arena y al fundente, impide la hidratación y le confiere peremnidad. De no ser por él el vidrio se deshojaría en láminas volviendo a ser simplemente arena. El estabilizante más común es el carbonato cálcico. El uso del óxido de plomo en 1650, por Ravenscroft como fundente y estabilizante revolucionará la industria del vidrio. El vidrio al plomo es el propiamente llamado cristal.
En la historia del vidrio hay un antes y un después del invento del soplado. Antes no era necesaria la transparencia, algo que nos resulta hoy tan familiar, por el contrario, parece que la primera utilidad que se le dio fue la de imitar las piedras preciosas.

Las frecuentes impurezas de la arena, contaminadas por sales de hierro le conferirán un tono que va del amarillo al azul pasando por el verde. A ese vidrio primitivo, traslúcido, semiopaco, se le conoce por el nombre de pasta vítrea. Con el fin de imitar a las piedras preciosas se fueron descubriendo óxidos metálicos que coloreaban la pasta vítrea. Los óxidos ferrosos dan un tono a la pasta que varía del verde al azul, los óxidos férricos, amarillo. El azufre y el cadmio le dan color amarillo topacio. El cobre le confiere un color azul, verde o rojo, el níquel y el manganeso lo convierten en violeta, el estaño en blanco, el cromo en verde brillante…Por supuesto que esto lo sabemos hoy, en aquél tiempo se usaban empíricamente tierras diversas, aunque a juzgar por sus obras sabían lo que hacían y lo hacían bien.
Estos “colorantes” eran utilizados de dos formas distintas: mezclados junto a los demás componentes logrando una pasta vítrea de color uniforme, conveniente cuando se quería imitar una piedra preciosa o semipreciosa (se denominaba lapìslázuli de Babilonia a la pasta vítrea azul) o bien por la técnica del esmalte, en esta, el óxido metálico es aplicado en superficie mientras la frita aún está al rojo, de esta forma el óxido penetra en la masa haciendo el dibujo en el color deseado.
Las recetas para fabricar vidrio ya constan en unas tablillas cuneiformes del rey mesopotámico Asurbanipal que datan del siglo VII AC. Descubrir como se obtiene el vidrio, no obstante, parece que fue resultado de un difícil y prolongado parto que duró siglos y requirió la competencia de otras dos artes, una muy primitiva, la cerámica y otra que inicia la edad del Bronce, la metalurgia.
Sir Flinders Petrie, la mayor autoridad en la historia del vidrio, (a él se debe el descubrimiento de los talleres vidrieros de Tell el Amarna), afirma que el vidriado más antiguo conocido hasta ahora data de unos 12.000 años AC, se trata de una piedra vidriada en verde. También dice  que el primer objeto totalmente en vidrio, azul en este caso, data de unos 7.000 años AC pero como tal industria parece haberse desarrollado sobre el 2500 AC. Hay muchas leyendas sobre sus orígenes, se supone que las primeras observaciones corrieron a cargo de los ceramistas, estos se dieron cuenta de que si la arcilla contenía mucha arena, esta fundía en la superficie dando a sus vasijas una mayor estanqueidad. Pasarían muchos siglos sin que progresaran sus conocimientos. Probablemente un paso decisivo derivó de la metalurgia del Bronce, el calor para la fusión del metal afectaría a la escoria de la materia prima produciendo coladas que serían sin saberlo las primeras pastas vítreas que al carecer de estabilizante, se deshojarían perdiendo su utilidad.
Esta lógica es la que aplica la investigadora israelí Anita Engle cuya propuesta es seductora, implica a un misterioso pueblo, los hurritas, originarios del Lago Van (al sur del Cáucaso en territorio turco actual, donde hay minerales para la elaboración de bronce), se habrían desplazado hacia el sur, hacia Mesopotamia, llevando consigo el conocimiento del bronce, aquí fundarían el reino de Mittani. A favor de tal teoría existen una serie de circunstancias. Los vidrios más antiguos se hallaron en las excavaciones de Nínive y Nuzi. Esta autora estabece una relación entre las diversos complejos mitológicos de Mesopotamia, Egipto y Grecia. Afirma que Ningizida, un dios sumerio, pueblo mesopotámico,  era el dios de los vidrieros.  Ningizida sería el equivalente del Heracles griego ya que al igual que este luchó con una hidra como aparece en una estela sumeria. Según la leyenda, Heracles tras ser herido por la hidra, consultó al oráculo de Delfos que le dijo que para curarse necitaba una planta que sólo crecía en la desembocadura del rio Belo que era donde se obtenía la mejor materia prima para el vidrio. Una estela hallada en Tell el Amarna, Egipto, cita a los hurritas como vidrieros. El hecho de la aparición de la industria vidriera egipcia inmediatamente después de la batalla de Megido donde vencieron al reino de Mittani, favorece la teoría de que el vidrio se originó en Mesopotamia pasando a Egipto a través de prisioneros de guerra. El arte del vidrio llega a su máximo esplendor en Egipto con el reinado de los siguientes faraones, Tutmosis III y Amenophis IV, el faraón monoteísta que cambió su nombre por el de Akenatón y trasladó la capital a Tell El Amarna. Fue la época dorada de la vidriería egipcia. La vuelta al politeísmo clásico con su sucesor, Tutankatón, el cual cambió su nombre por el de Tutankamón, devolvió la capitalidad a Tebas. Este momento significa el declive de la industria vidriera egipcia que no volverá a renacer hasta la conquista de Egipto por Alejandro Magno más de mil años después. Se inaugura con él la época alejandrina o ptolemaica ya que con la fundación de Alejandría y la entronización de la dinastía griega de los faraones Ptolomeos, vuelven a renacer las industrias vidrieras egipcias.
Parece pues que el origen mesopotámico del descubrimiento es el que más fundamento tiene. Mención aparte merece la zona que, si atendemos a las leyendas, sería el territorio de origen del vidrio, la costa fenicia y especialmente la desembocadura del rio Belo, el Naaman actual. Según todos los indicios, esta zona es donde aparece la materia prima de especial calidad y donde se asentaron las primeras industrias vidrieras. El arenal que forma el delta de este río, cuyo cauce apenas es de siete kilómetros, tendría unas cualidades excelentes producidas por una serie de circunstancias: las aguas del Belo no son potables por contener excesiva cantidad de sales cálcicas a las que se añaden las sales del mar por efecto de las mareas, todo ello produce una arena de excepcional cualidad para el vidrio. Sea como fuere, la zona es citada por Estrabón, Teofrasto  y Tácito como lugar donde se fabrica vidrio de calidad. También es esta zona dónde sitúa Plinio el Viejo la leyenda, que él da por cierta, del origen del descubrimiento. Cuenta Plinio que unos marineros que llevaban natrón, hicieron un fuego en la arena con objeto de cocinar la comida, para apoyar la marmita usaron algunas de las piedras de natrón que transportaban. Su sorpresa fue  observar que del fuego surgía una corriente de una materia desconocida, viscosa que solidificaba al alejarse de la fuente cálida, era la primera pasta vítrea. Los investigadores aducen en su contra que un fuego al aire libre no tiene capacidad para fundir la arena y por tanto la historia es bonita pero incierta. Hemos de tener en cuenta que Plinio cuenta esto por la época en que Tito derribó las murallas del templo de Jerusalén, el año 70 DC y que el vidrio ya era conocido desde 2000 años antes. La misma historia es reflejada por un historiador romano, Flavio Volpico, anterior a Plinio, el cual debió recogerla probablemente de fuentes griegas. De todos modos hay un fondo de verdades parciales, no hay duda de que la industria vidriera se desarrolló en esta zona,  de que esta zona exportó vidrio y de que proporcionó materia prima  a las industrias que fueron desarrollándose en los siglos anteriores a la venida de Cristo por todo el Mediterráneo, aunque la aparición de vidrierías en diferentes puntos del Mare Nostrum se hará de forma regular sólo tras la expansión del poder romano.
Vestigios de que el rio Belo fue el gran núcleo vidriero se dan a lo largo de toda la costa. Uno de los más significativos, es el hallazgo al pie del monte Carmelo, de una plancha de vidrio de colosales dimensiones, casi cuatro metros por dos de ancho, un grosor de unos 45 centímetros y ocho toneladas, se exhibe hoy en el Museo Corning. Esta placa hace pensar que se trataba de una industria cuya función consistiría en proporcionar materia purificada a otras industrias menores al suministrarle trozos de vidrio para su posterior refundición artística.
Estos datos van en consonancia con el gran valor que suponía en aquél entonces el vidrio, semejante al de las piedras preciosas y por tanto sólo accesible a las clases pudientes. También fue considerado como sagrado al ser un símbolo de muchos de los dioses de la zona, Osiris, Tammuz, Baal, emblemas de la muerte y la resurrección ya que el vidrio roto es reutilizable.
Han pasado pues muchos siglos desde aquél oscuro momento en que la vidriería se independiza de las artes que presumiblemente fueron sus orígenes, la cerámica y la metalurgia pero las técnicas no han evolucionado mucho durante este par de milenios.
En un principio se trataba de formar piezas macizas, normalmente para el ajuar personal como collares, pulseras y amuletos para lo cual se empleaba un hilo metálico que se sumergía en la frita, adsorbiendo a su alrededor parte de la masa vítrea, tras el enfriamiento sólo debía cortarse y tallarse dando lugar a una pasta vítrea semiopaca y de color homogéneo según el óxido utilizado.
Se empleó también la técnica del molde externo, simplemente rellenándolo con pasta vítrea. Han llegado hasta nosotros por esta técnica, diversas imágenes de los faraones: Amenhotep II y otro que probablemente sea Tutankamón que se custodia en el Museo del Louvre.
Posteriormente aparece el esmaltado en superficie de estas masas aún calientes al serles aplicados diversos óxidos metálicos que penetran en la masa confiriéndoles una coloración permanente.
Uno de los mayores avances representó la posibilidad de fabricar utensilios huecos. Para ello se introducía en la frita un tubo de hierro  cuyo extremo se engrosaba al aplicarle un núcleo de arena o de otro material fácilmente extraíble. Al rotar este núcleo en el interior de la masa, ésta se adhería al núcleo. Al enfriarse y solidificarse sólo restaba quitar ese molde interno. Aparecen entonces los perfumeros, lagrimeros y ungüentarios de diversas formas  que tienen en común sus pequeñas dimensiones, unos diez centímetros de altura.
Un paso más avanzado es la decoración de estas vasijas que pudo hacerse por esmaltado como hasta entonces o por medio de la aplicación en superficie de unos hilos de vidrio coloreado homogéneo que estaban también incandescentes incorporándolas a la masa, de esta forma los colores difunden menos que con el simple esmalte en superficie lo que permite mayor precisión y nitidez en el dibujo. La aplicación de estas varillas podía hacerse longitudinalmente dando lugar a cenefas enlazadas o bien aplicando segmentos pequeños, puntuales a modo de mosaico es la técnica del “millefiori” que se prodigará tras la adopción del soplado.
Una variante de la utilización de varillas coloreadas es el arrollamiento de estas varillas incandescentes sobre el núcleo de arena directamente. Estas varillas funden entre sí dando lugar a un objeto estanco multicolor de paredes más finas, lo cual disminuye la opacidad original  resaltando los colores. Fueron sobre todo los egipcios los que perfeccionaron esta técnica, legándonos ejemplos de sublime belleza que pueden contemplarse en los museos de París y Londres.
La combinación del molde interno, formado por el núcleo de arena, con el empleo de un molde externo, permite así mismo rebajar el grosor y al mismo tiempo decorar en positivo o negativo la superficie de las piezas. Aprovechando esta posibilidad algunos vidrieros, en un alarde de marketing primitivo, llegaron a firmar sus piezas lo que ha permitido identificar las vidrierías de Philipos, Ariston, Artas, Ennion, Amaranus y otros.
Tampoco ignoraron, en estos primeros pasos, la posibilidad de la talla. Ya hemos dicho que originalmente la vidriería se dirigió a la imitación de las piedras preciosas, con el paso de los siglos se empleó también para la decoración de vasijas de forma harto ingeniosa, la técnica del camafeo.  Esta consiste en aplicar sobre un vaso de color homogéneo una placa blanca o semitransparente que es la que se talla dando lugar a una distinta reflexión del color de fondo lo que resalta el motivo de la talla. Serán sobre todo los romanos los que perfeccionen esta técnica. El máximo exponente es el bellísimo Vaso Portland que se expone en el British Museum que un demente rompió aunque se ha podido reconstruir con precisión. Otra forma de talla es la que muestran los vasos denominados diatreta, unas vasijas de espesor considerable que permitían ser tallados y vaciados hasta la mitad de su grosor, de tal forma que quedaba el vaso como incluido en una red decorativa externa. Por su fragilidad han llegado sólo fragmentos de este tipo de vasos, como el hallado en Termes (Guadalajara). El más completo era el llamado vaso de Strasburgo que fue destruído durante un bombardeo en la guerra franco alemana de 1870.
La difusión del material de vidrio se llevó a cabo por los fenicios que comerciaron con él por todo el Mediterráneo, tanto en piezas de adorno personal como en pequeñas vasijas que contenían perfumes y esencias caras. Al igual que hoy, el comercio fenicio ya apostaba por encarecer los productos a través de una lujosa presentación. Se realzaba así el contenido a través del majestuoso continente. Griegos y cartagineses siguieron tal práctica, lo que hace difícil determinar el origen de los materiales hallados en las excavaciones del Mediterráneo Occidental, máxime si se tiene en cuenta que las técnicas eran poco variadas. Se han hallado objetos similares desde Rusia a Ibiza, lo que da idea de la intensidad del intercambio comercial.
Leyendas e historias se suceden cuando hay un periodo de tiempo tan prolongado y han intervenido tantas culturas sobre un material tan preciado como el vidrio: Petronio en el Satiricón cuenta la historia, y Plinio ¿cómo no? la repite, según la cual al emperador Tiberio le habían dicho que un vidriero había hallado la fórmula de un vidrio irrompible que a lo sumo se abollaba pero que en frío era fácilmente vuelto a su forma primitiva. El emperador le mandó llamar, el vidriero acudió y confirmó ante el emperador la veracidad de lo que le habían contado. Para que el emperador le creyera hizo una demostración, lanzó al suelo un vaso hecho con su vidrio, se abolló ligeramente pero tras una suave presión retornó a su forma primitiva. Tiberio le preguntó si había hecho partícipe de su descubrimiento a alguna persona a lo que contestó el imprudente vidriero que no, que era su secreto mejor guardado. El emperador hizo que le cortaran el cuello de inmediato. No podía permitir que el mercado del vidrio se hundiera si aquél descubrimiento se hacía público. Las almas cándidas dicen que el primero en darse cuenta de la existencia del crimen de Estado fue Maquiavelo, inocentes ellos.
La gran revolución en materia de vidrio lo representa el descubrimiento de la técnica del soplado, lo que permitirá la fabricación de vasijas de mayor tamaño a un coste muy inferior y por tanto a la popularización de este material que se incorporará  en los siglos siguientes al ajuar doméstico y utilitario. Tanto será el desprestigio que en el año 850, el papa León IV prohibió que el cáliz de vidrio se usara para el culto al  considerarlo ya demasiado vulgar.
Cuando y dónde se descubrió la técnica del soplado es también objeto de discusión ya que en Egipto, en las tumbas de Beni Hasan de Tebas han aparecido unas pinturas, que datan del siglo XIX AC las cuales representan dos figuras ante un fuego que están soplando por unas cañas del tamaño aproximado a las realmente empleadas por los vidrieros. Unos afirman que son metalúrgicos que avivan el fuego, otros como la ya citada Anita Engle apuestan por afirmar que son verdaderos vidrieros. De una u otra forma, la técnica se expande por el Mediterráneo entre los siglos I AC y I DC, al mismo tiempo que la vidriería pierde aquél carácter suntuario, casi sagrado que había tenido y se vulgariza.
Hemos de hacer patente que al ser en los primeros tiempos un material muy caro se impuso la recuperación del material roto que se cambiaba por otros objetos. El reciclaje no es cosa de hoy. Cuentan que un tal Rabino José al ser preguntado si era posible regenerar el alma humana caída en el pecado respondió: “Si se recupera el vidrio que ha sido soplado por el aliento del hombre ¿cómo no se va a recuperar el alma que ha recibido el soplo de Dios?”. Bello ¿verdad?.


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